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3 razones para enamorarse del Túnez a colores

1)  La belleza de Sidi Bou Said se despliega sobre acantilados de 100 metros de altura frente al africano Golfo de Túnez. Ahí, Sidi Bou Said luce sus casas blancas radiantes con puertas, ventanas, balcones y rejas azules. Pero estas tonalidades no son casualidad. La ley obliga a pintar las casas de blanco, salvo puertas, ventanas y celosías, que deben ser de tonos azules, color de la protección y de la buena suerte.

2) Pasear por las empinadas callejuelas de piedra de esta ciudad de Túnez es un placer. Sólo encontrarás peatones entre buganvillas y jazmines que perfuman cada rincón; viejos de túnica y sheshiya (típico gorro rojo tunecino, con una borla negra); cafés donde saborear un té de menta con piñones, puestos callejeros para comer un brik o un lablabi (y por cierto, con harissa, la clásica salsa picante).

3) La espectacular fusión del azul del cielo con el azul del mar infinito y las puertas, también azules de Sidi Bou Said. Esta imagen en Túnez ha cautivado a filósofos, escritores y artistas. El color, dijo el pintor Paul Klee tras una breve estadía en esta localidad de Africa, “se ha apoderado de mí para siempre; ya no tengo que ir a buscarlo”.

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