Iquique

A más de 1.700 kilómetros al norte de Santiago, frente al Océano Pacífico.

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Durante todo el año cuenta con un clima agradable para disfrutar de sus paisajes.

Iquique, olas y playa todo el año

“Lugar de descanso”, eso es lo que significa Iquique en lengua aimara. Siglos después, la capital de la Región de Tarapacá, inserta entre el desierto, esa enorme duna ahora semi construida llamada Cerro Dragón, y el bravo Océano Pacífico, se hizo conocida como “tierra de campeones” por su historia de triunfos deportivos.

Iquique tiene algo para todos quienes la visitan. Playas hermosas, olas perfectas para el surf; palacios, historias, tiendas y mucho más.

¿Qué hacer en Iquique?

Para los amantes de la cultura y la historia, es fundamental pasear por el centro de la ciudad, donde los edificios aún conservan la elegancia de fines del siglo 19 y comienzos del 20, cuando el salitre era el oro del norte. De esa época quedan el Teatro Municipal, el Casino Español, el Palacio Astoreca, y la peatonal Calle Baquedano, con grandes casas de pino oregón. La mayoría de ellos rodea o está cerca de la Plaza Prat, Plaza de Armas con añosos árboles y palmeras, y la Torre del Reloj, construida en 1877.

Teatro Municpal de Iquique, Chile

Si de playas se trata, Cavancha es una de las mejores playas del país. La extensa Playa Brava le hace honor a su nombre, así que ni pensar meterse al agua. Más al sur hay más playas, es cosa de largarse a descubrirlas. Si no quieres arena, puedes irte de compras a la Zofri, donde encontrarás desde perfumes, lentes y chocolates hasta cotillón y tragos con importantes descuentos.

En los alrededores de Iquique hay muchos atractivos. Están las oficinas salitreras Humberstone y Santa Laura; más al interior los oasis de Pica y Matilla, los geoglifos de Pintados, los sorprendentes géiseres de Puchuldiza, y el sorprendente poblado de La Tirana.

¿Qué comer?
¿Qué comer?

De todas las cosas que puedes comer en cualquiera de sus restaurantes, algunos recomendados son el sándwich de pescado; las empanadas de queso con jaiba, pulpo, ostiones y lo que se te ocurra; erizos; caldillo de pescado, el pastel de jaibas y un sinfín de platos frescos y sabrosos. Infaltables son los helados de mango, y de malta con huevo de El Pingüino; los alfajores de Pica (y de Matilla; la diferencia está en si tienen o no coco rallado), y los híper calóricos chumbeques.

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