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DOMINANDO LAS OLAS… EN NUEVA YORK

Long Island es una lengua de tierra de unos 190 kilómetros de largo en el Atlántico, y cerca del aeropuerto JFK, en Nueva York. Cada uno de los múltiples poblados tiene su estilo propio. Por ejemplo, está Southampton, de lujos ostentosos y poca discreción; y está Rockaway Beach, con su onda media bohemia, media artística, media hípster, media en marcha lenta.

En los últimos años, esta localidad de poco más de 1.300 habitantes ha visto cómo casonas abandonadas han sido ocupadas por galerías de arte, cafeterías orgánicas y tiendas vintage de primer nivel, además, claro, de un par de clásicos: Rockaway Beach Surf Shop, con más de 30 años “surfeando” en la ciudad y, la desordenada Breezy Point Surf Shop, donde tendrás que bucear para encontrar lo que buscas: desde tablas de boogie y bloqueadores recomendados por la American Cancer Society, hasta el clásico collar de diente de tiburón. Ah, también arriendan tablas.

SURF, SURF, SURF…

El surf en Rockaway Beach no tiene temporadas. Verano e invierno (sí, con la arena cubierta de nieve) esta playa de acceso gratuito recibe a quien quiera mostrar sus habilidades, o hacer el ridículo (tiene sectores ideales para principiantes). Aún es un lugar de bajo perfil, incluso hay neoyorquinos que lo ubican sólo por el tema de Ramones del mismo nombre.

A lo largo de Long Island hay muchas áreas para echar la tabla al agua, pero ten presente que la escena va cambiando a medida que avanzas hacia el este. Cada vez encontrarás menos gente, más arrecifes y bancos de arena; un mar abierto que garantiza más adrenalina, probables medusas y algunos tiburones.

Por eso nos quedamos en Rockaway Beach. Más ondero, con pinceladas hípster de Williamsburg; con excelentes lugares donde comer y un ambiente relajado. Lo suficiente como para atraer artistas como la leyenda Patti Smith, y el curador jefe del MoMA y fundador de la Bienal de Berlín, Klaus Biesenbach, hayan decidido vivir aquí.

LLEGAR: Línea A azul del metro hacia Broad Channel. Ahí, tomar un tren que lleva hasta las estaciones Beach 90, Beach 98, Beach 105 y Rockaway Park Beach 116.

 

BARES PARA DESPUÉS DE SURFEAR

 

 

En Playa Hermosa, Costa Rica: “en primera fila todas las tardes se mira el sunset desde bares y restaurantes con muchos surfistas y extranjeros”. Recomendados con grandes atardeceres: el cebiche de camarones de La Casita del Marisco, el happy hour (de lunes a jueves) del Backyard Bar and Grill; el chiliguaro (trago típico de Costa Rica) del bar Aqua Sport.

 

 

En Encinitas, California: “me encanta esta zona de California, calles con bares y mucha onda para después de surfear. En esta zona de Estados Unidos está muy desarrollada la cultura del surf, están muy avanzados; todos los bares giran en torno al surf con un toque mexicano, ya que está cerca de la frontera. ¡Muchos tequilas y tacos!”. Recomendados: Daley Double Cocktail Lounge, Kraken Bar & Restaurant, O’Hurley’s Beach Bar.

 

 

En Uluwatu (Bali), Indonesia: “Single Fin es para mí el mejor bar para después de surfear, con la mejor vista a la ola desde lo alto y buena música. ¡Miércoles y viernes son los mejores días!”. Sugerencia: una cerveza Bintang ultra helada.

4 SURF STORES PARA VITRINEAR

Un diseño sobrio para una actividad adrenalínica: tiene desde un mini bikini para enfrentar a las olas, hasta productos para obtener ese peculiar tono de pelo ubio de los surfistas. Está en Amberes, Bélgica.

 

 

 

Centro cultural, lounge-bar, restobar, cafetería y tienda ondera. Tres pisos con diferentes usos, actividades y productos: desde moda deportiva y piezas de arte contemporáneo, hasta tablas y ropa casual inspirada en el surf. Está en playa La Ropa, Zihuatanejo, costa Pacífico de México.

 

 

Concept store con productos sustentables. Entre otros, tapones para los oídos de material reciclable, y bloqueadores solares inofensivos para la fauna y flora marinas. Está en Biarritz, Francia.

 

 

 

Concept store en el Midtown de Tokio. Su sección de surf es tan completa, que incluso tiene accesorios diseñados por la mexicana Sara Beltrán, con dientes de tiburón cubiertos en plata. Está en Tokio, Japón.

 

 

 

EL HOMBRE DEL TRAJE DE NEOPRENO

El 6 de junio de 2017 murió Jack O’Neill, hombre de barba abundante y ojo parchado (perdió el ojo izquierdo en 1971, en un accidente sobre la tabla), que creó el traje de neopreno, elemento indispensable para que el surf se masificara en todos los puntos cardinales.

O’Neill confiaba en sus trajes de neopreno. Tanto, que cuando había una feria costera cercana a San Francisco, partía con un contenedor lleno de hielo, en el que metía a uno de sus seis hijos vestido con un traje de neopreno para probar que funcionaba. Claro, muchos pensaron que si un padre confiaba así en un material o era un imbécil, o el material debía ser bueno. Afortunadamente, fue más la gente que pensó lo último.

DE SURF Y OTRAS TABLAS

Hoy la ropa O’Neill es un imperio de vestimenta y accesorios para deportistas de surf, paddlesurf, wakeboard, esquí y snowboard, con presencia en todo el mundo.

Además de los trajes y de la marca, O’Neill dejó andando otros proyectos, como el trabajo para evitar la extinción del tiburón blanco. Y el O’Neill Sea Odyssey, programa educativo gratis para los niños a bordo del catamarán del equipo O’Neill, en el que se les enseña sobre medio ambiente, biología marina y navegación.

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