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Nico Castro en Primavera Sound: ¿El mejor festival de música del mundo?
Por Nicolás Castro, dj y locutor Radio Zero.

Año a año, los fanáticos de la música revisamos los anuncios de los carteles de festivales alrededor del mundo con un sueño; en cuál de todos estar. Nos preguntamos y soñamos despiertos mientras miramos un mapa y cotizamos pasajes y alojamiento.

Pero, en medio de un mercado ya casi sobresaturado de festivales (algunos incluso han cerrado definitivamente en el último par de años), son pocos los que destacan realmente del lote, ya sea por estar en ubicaciones poco atractivas, enfocadas más en un público local o por carteles de artistas que parecen cada vez más similares entre sí. Pero ahí aparece Primavera Sound, siempre, como uno de esos oasis que nunca defrauda.

El festival nació en Barcelona en 2001, y en esa primera versión –montada por un grupo de amigos fanáticos de la música- recibió a 8.000 personas. Hoy, a punto de cumplir dos décadas, recibe un promedio de 200.000. ¿Ha bajado la calidad o los servicios al llegar la masividad? Todo lo contrario. En este artículo te entrego un par de razones por qué deberías ir al menos una vez antes de morir.

Se suele hablar mucho de la “experiencia” en un festival. Y sí, es cierto, la música no lo es todo. Pero sí es agradable saber en todo momento que estás en un lugar en el que sigue siendo lo más importante. Y eso se nota desde antes de ir, con el lanzamiento de cada cartel de cada versión. No suele haber, en todo el mundo, un mejor barómetro de los pesos pesados de la actualidad mezclados con grandes nombres del pasado, mostrando de manera precisa rock, electrónica, rap y música experimental.

Por ejemplo, este año los dos nombres más populares fueron Arctic Monkeys y Björk, pero también estaban Lorde, The War on Drugs, CHVRCHES, Vince Staples y la música de Stranger Things, entre muchísimos otros. Clásicos siempre hay, en este caso, nombres como Nick Cave & The Bad Seeds, Belle & Sebastian, Ride (invitados sorpresa), Jane Birkin tocando canciones de Serge Gainsbourg con una orquesta, y varios otros. No sólo se cuenta con ellos, sino que además en la misma gráfica escriben sus nombres con letras grandes y no como meras anécdotas. Eso no suele pasar en otros, y es un detalle que dice mucho.

En total, los números son casi obscenos e inabarcables: más de 200 artistas repartidos en tres días y medio. Si vas, preocúpate de elegir bien y disfrutar lo que vas a ver antes que sufrir por todo lo que te vas a perder, porque va a ser mucho. Yo todavía sigo pensando en el dolor de haber tenido que elegir a Fever Ray sobre Nick Cave, por ejemplo. Y casos así hay miles.

¿Quién quiere ir a un festival en un peladero? Claramente no es una opción muy atractiva. Por eso el Parc del Fòrum, ese imponente espacio público fundado en 2004 y que alberga el festival desde el 2005, te deja con la boca abierta. De partida, se puede llegar en metro (tiene una estación a 10 minutos caminando, en la Línea 4, y un eficiente servicio de buses si decides volver pasadas las 2 de la mañana), lo que lo hace suficientemente urbano para no gastar mucho en llegar cada día. Además, está en un extremo de la ciudad y pegado al mar, lo que genera esa sensación también de que estás en un verdadero paraíso urbano.

¿Quién quiere ir a un festival en un peladero? Claramente no es una opción muy atractiva. Por eso el Parc del Fòrum, ese imponente espacio público fundado en 2004 y que alberga el festival desde el 2005, te deja con la boca abierta. De partida, se puede llegar en metro (tiene una estación a 10 minutos caminando, en la Línea 4, y un eficiente servicio de buses si decides volver pasadas las 2 de la mañana), lo que lo hace suficientemente urbano para no gastar mucho en llegar cada día. Además, está en un extremo de la ciudad y pegado al mar, lo que genera esa sensación también de que estás en un verdadero paraíso urbano.

Barcelona, y esta época en puntual, hacen de Primavera Sound una maravilla. La ciudad no es grande, se recorre fácil y es muy bonita y entretenida. El clima en esta época, terminando la primavera (obvio), es preciso antes de que llegue el calor húmedo del verano. Acá no corre esa máxima de que para disfrutar un festival hay que soportar sol y 40 grados de calor a la sombra o diluvios que obligan a llevar botas para atravesar el barro. De día vas con pantalones y polera o un vestido, y de noche te pones una capa liviana arriba y estás listo.

Como lo realmente bueno del festival empieza desde las 5-6 de la tarde, te da tiempo de turistear durante la mañana si tu cuerpo te lo permite. Además, el festival dura más que los tres días “oficiales”. Con tu entrada más básica sueles tener acceso a varias actividades y fiestas en clubes del centro de la ciudad, como la mítica Sala Apollo. Si te sientes joven, ojo con ese calendario también.

Según cifras que maneja la producción, de las alrededor de 200.000 personas que llegan, cerca de un 70% son visitantes. Se suelen ver muchos ingleses, franceses, alemanes y también latinoamericanos. El mismo cartel de artistas discrimina el tipo de público que va y es realmente un agrado toparse con gente siempre respetuosa en los conciertos, en una dosis justa entre ganas de pasarlo bien y respetar al de al lado.

Aquí vamos a la parte de la “experiencia”. Resuelto el tema musical y sabiendo que estamos en un lugar lindo y cómodo, la organización se podría haber quedado conforme con eso. Pero no. Cosas muy importantes, como los baños, están repartidos por montones en todo el parque, para que no tengas que caminar muy lejos para encontrar uno. Y salvo que sean los más cercanos a un escenario de los principales mientras toca un cabeza de cartel, es poco común hacer filas por ellos. Además, están casi siempre muy limpios.

La comida. Por favor hablemos de la comida. No sólo hay puestos y food trucks en todas partes, sino que en el centro del parque, justo a la altura de la entrada principal, hay un galpón abierto realmente impresionante con más de 20 opciones de comida de todo el mundo. Aquí hay para todos los gustos que quieras, desde célebres boliches de tapas locales que tienen su espacio también en el festival, hasta comida inglesa, vietnamita, vegetariana, vegana, india, japonesa y un larguísimo y sorprendentemente largo etcétera, donde todos los gustos, alergias, opciones y mañas caben. Además en ninguna de esas maravillas comes por más de 10 euros, lo que no es mucho comparado con otros eventos similares que muchas veces lucen una oferta mucho más pobre.

El alcohol también está permitido, y lo que hay a disposición es muy generoso, mucho más allá de los más tradicionales destilados. Por ejemplo, nunca imaginé estar a las 8 de la noche viendo la puesta de sol mirando a Rhye con una copa de vino en la mano (de plástico, por supuesto, y con un costo de un euro, que se te devuelve si eres lo suficientemente consciente de ir a devolverla después). Pequeños detalles que marcan la diferencia y cierran el círculo completo.

Los sponsors son parte importante, pero su presencia es atinada y para nada invasiva. Es más: parece haber un esfuerzo por generar instancias que beneficien al público más que figurar por figurar, como stands de firmas de discos, casilleros para tus cosas o zonas de descanso.

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